El retroceso en los derechos de las mujeres no forma parte de un futuro distópico, es una realidad tangible que se está desplegando en nuestras calles, pueblos, ciudades y edificios institucionales. Ya es visible donde gobiernan las coaliciones de la derecha y la ultraderecha, eliminando décadas de lucha feminista.
No operan de forma aislada, se sienten protegidos y respaldados por la creciente involución democrática, donde tienen como referente países como Argentina bajo el gobierno de Javier Milei.
Muchos de nuestros derechos son amenazados por estas ideologías políticas.
La eliminación sistemática de términos como violencia de género o violencia machista de los documentos oficiales y su sustitución por eufemismos como violencia intrafamiliar o violencia doméstica es un acto de violencia política. Al diluir la naturaleza estructural de esta violencia, se justifican los recortes presupuestarios y la eliminación de servicios para atender estas violencias. Valladolid es un buen ejemplo, donde se han modificado los criterios de acceso a la vivienda social eliminando la protección específica para las mujeres que han sufrido violencia machista. Negar la raíz patriarcal de la violencia es dejar a las mujeres a la deriva y desprotegidas institucionalmente.
Quieren eliminar políticas públicas orientadas a garantizar la igualdad de oportunidades. La supresión de concejalías y consejerías de Igualdad busca desarticular el movimiento feminista institucional. Esta estrategia se acompaña a menudo de un uso instrumentalizado y racista del discurso de seguridad, donde se intenta vincular falsamente la migración con la delincuencia bajo la excusa de proteger a las mujeres, blanqueando así una ideología abiertamente xenófoba que ataca a las mujeres migrantes y racializadas.
Además, la visión ultraconservadora es contraria al derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos. Desde su moralidad quieren eliminar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), así como imponer protocolos intimidatorios como escuchar el latido fetal. Sumando el control sobre los contenidos educativos en las escuelas, vetando talleres de educación sexoafectiva y diversidad que son esenciales para prevenir la violencia y fomentar mentes libres de prejuicios machistas y LGTBIfóbicos.
Si algo ha demostrado la historia reciente es que los derechos no se regalan; se defienden en la calle y en los tribunales. La lucha por la igualdad debe continuar, seguimos con desigualdad salarial, sobrecarga de cuidados, trabas para los derechos sexuales y reproductivos, como vemos, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, con la dificultad de realizar un IVE, todo ello muestra que cualquier grieta institucional es aprovechada por el fascismo que se está acomodando en nuestras instituciones.
El feminismo es hoy el motor de defensa de la democracia. No se trata solo de defender lo conseguido, sino de impedir que el fascismo institucional convierta nuestros cuerpos y vidas en moneda de cambio político.