Querida compañera, gracias por tu consulta.

La utilización de los hijos para extender la violencia que se ejerce hacia las parejas o exparejas es una de las formas más extremas de violencia machista, y recibe el nombre de “violencia vicaria”. Se entiende que la violencia que se lleva a cabo se hace de forma consciente, para generar daño a otra persona, ejerciéndose de forma secundaria a la ejercida sobre la mujer. El concepto de “vicario” hace referencia a la substitución o reemplazo. Habitualmente se ejerce sobre las/los menores para así coaccionar a la mujer.

Asimismo, es común que surja o se agrave en momentos en los que la mujer intenta dejar la relación abusiva, cómo instrumento de manipulación psicológica para disuadirla de dicha decisión, tal cómo nos comentas en tu caso. El agresor, desde su posición de poder, aprovecha la fragilidad de las/los menores agrediendo su integridad física o psicológica con el fin de dañar psicológicamente a su pareja, ocasionando en ella sufrimiento, dolor y sensación de culpa. Suele empezar con amenazas y frases como «te quitaré a los hijos«, «te daré donde más te duele«, en definitiva, deshumanizar a los hijos y «cosificarlos». Además de las consecuencias emocionales negativas para las mujeres, el padecimiento de este tipo de violencia genera sobre las menores una serie de efectos físicos y psicológicos. Estos son señales de alarma que a las mujeres pueden ayudar a buscar apoyo lo antes posible, para minimizar los riesgos.

Este tipo de violencia puede darse de múltiples maneras, tanto a nivel de maltrato psicológico, privación de necesidades básicas, abusos físicos e incluso abusos sexuales. Es por esa razón que actualmente hay una alerta social entorno a este tipo concreto de violencia y aumentan tanto las denuncias individuales como colectivas, de tal manera que algunas comunidades ya la incluyen en sus legislaciones como una forma de violencia machista.

Concretamente en la actualización de la ley catalana de diciembre de 2020 (Ley 17/2020), podemos encontrar en su artículo 4, punto 2. h).

Si bien ya existe un amplio reconocimiento por parte de los colectivos feministas de los daños causados por esta violencia machista, todavía sigue siendo un tema a ser visibilizado dentro de los tribunales, especialmente cuando hablamos del régimen de visitas y de la guarda y custodia. Especialistas siguen insistiendo que la solución pasa porque la justicia finalmente acepte y reconozca que un maltratador no es un buen padre.

Sabemos que de momento puede ser que las soluciones jurídicas, como es la denuncia, no traigan las consecuencias esperadas y adecuadas para los casos de violencia vicaria, sea por el sistema patriarcal que afecta directamente el funcionamiento de las instituciones legales o bien por la manipulación de la ley que puede llevar a interpretaciones muy restrictas de las situaciones vividas. Así que, aconsejamos a mujeres que estén viviendo algo parecido con lo que nos comentas que, siempre que posible y que no represente un riesgo inminente a los menores, busquen ayuda de los servicios públicos o de las entidades del tercer sector especializadas en temas de violencia machista para hablar del caso y trazar estrategias antes mismo de activar medidas judiciales, para informarse bien de como mejor proteger a las criaturas. 

La sociedad está cada vez más concienciada de que esta violencia no viene disociada de la violencia de género y visibilizar casos como el suyo ayudan a mantener el tema vivo dentro del ámbito social, posibilitando la discusión y la presión hacia la administración pública para que esto realmente no se quede en el olvido. 

– EQUIPO SIEMPREVIVAS